La Cruz y los Ángeles

Cuando pensamos en un cementerio, solemos asociarlo con miedo o tristeza. Sin embargo, en distintas partes del mundo estos espacios son auténticos museos al aire libre, testigos silenciosos del paso del tiempo a través del arte y la historia.
En Aguascalientes contamos con dos de ellos que, además de su valor cultural, son considerados recintos patrimoniales: el Panteón de Los Ángeles y el Panteón de La Cruz, ambos ubicados en el tradicional Barrio de Guadalupe. El INAH ha identificado en su interior alrededor de 140 mo- numentos de gran valor histórico y artístico.

Panteón de Los Ángeles
Construido en 1875 bajo el gobierno de Ignacio T. Chávez, se reconoce como el primer panteón civil municipal de Aguascalientes, surgido tras las Leyes de Reforma que separaron lo civil de lo eclesiástico.
Sus mausoleos muestran una mezcla de mármol blanco, cantera rosa y cantera amarilla, materiales típicos de la región. Entre sus esculturas y lápidas se encuentran obras de artistas nacionales y locales como los hermanos Biagi (Giuseppe, Dante y Domingo), y Octavio Ponzanelli.
Entre sus historias más llamativas está la tumba del Coronel Juan Silva, quien, según la tradición oral, habría sido fusilado por orden de Pancho Villa.

Panteón de La Cruz
Inaugurado en 1903, su diseño se atribuye a Tomás Medina Ugarte, con la construcción a cargo del célebre arquitecto empírico Refugio Reyes Rivas. Una de sus entradas principales está coronada por un arco en forma de “Ω” (omega), símbolo que representa el final de la vida terrenal y el inicio de la eterna.
En su interior se encuentran monumentos funerarios de los siglos XIX y XX, que destacan por sus estilos variados: mármol, cantera labrada y herrajes decorativos.
Se cuenta que el gobernador Manuel Carpio ordenó una ampliación del recinto en 1929; de manera curiosa, él mismo falleció meses después en un accidente aéreo y habría sido enterrado en esa nueva sección.
En La Cruz descansan gobernadores, intelectuales y familias notables de la historia local. También se encuentra la tumba del célebre “Niño Chavita”, fallecido a los 8 años, cuya memoria se ha convertido en un punto de peregrinaje. Decenas de visitantes dejan juguetes, cartas y ofrendas solicitando favores relacionados con la salud, la protección o los estudios.

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