Tenemos la enorme fortuna de vivir y respirar la cultura y el arte en nuestra bellísima ciudad. Encontramos por doquier innumerables muestras de diversas expresiones artísticas, hoy valoradas por propios y extraños.

Forman parte de nuestro paisaje cotidiano diversas creaciones realizadas por seres humanos llamados artistas, que desean expresar su visión sensible, real o imaginaria, de éste mundo. Se valen de recursos de diversa naturaleza, como la piedra, un lienzo, las notas musicales, las ideas…y se permiten externar las emociones, percepciones y sensaciones que tienen a flor de piel.

El arte tiene mucho que ver con nuestra identidad individual y colectiva. Una obra artística de cualquier naturaleza es una obra única, original; la cual posee ciertos atributos que son valorados por espectadores que recibirán una experiencia en cuanto a sus sentidos, que les dirá algo…que le hablará en un lenguaje propio que hará que afloren sensaciones, de diverso carácter, pero que transmitirán la sustancia de la obra, que no es más que la singularidad e imaginación del artista. Continúa con la forma, que es relativo al tiempo y espacio que ocupa.  Y finalmente al distintivo particular que el artista imprime en la obra, llamado técnica, que nos habla de la maestría en el uso de materiales y su integración en forma y sustancia.

Aquello que el artista desea plasmar, llámese estado de ánimo, sentimiento o idea, necesita una figura determinada para hacerlo perceptible, derivan en ello un poema, un lienzo, una obra teatral, una pieza musical, una escultura y muchas otras piezas que hacen tangible la inspiración.

Las reglas no deben limitar el arte, aunque paradójicamente cada arte crea sus propias reglas.

El estilo o cualidad personal son una autoproyección del artista, y hay que apreciarlo en éstos términos.

Para no caer en lo trivial al estar frente a cualquier expresión artística es importante primero analizar,  interpretar y valorar; no juzgarla en primera instancia, más bien interactuar con ella. Describir sus elementos constitutivos: colores, formas, escenas, contenido. Situarla en su periodo histórico, su tendencia y finalmente descubrir su grado de originalidad.    

Apreciar una obra artística es apreciar su valor intrínseco y guarda gratas sorpresas si abrimos nuestros sentidos y nos conectamos con el lenguaje que el artista utilizó para brindarnos su ser y su sentir.

Por Mirna Rosso