Por Claudia Ocampo Córdova, directora de la Academia MozartO’cord

Los seres humanos, especialmente los niños, son naturalmente musicales.

La música nos lleva a expresar y sentir diversas emociones, bailar de felicidad, reír, llorar… Platón decía que es una herramienta muy poderosa para la educación, pero la palabra herramienta suena muy dura.

La música es una aliada, una amiga que invita a los niños a vivir una infancia donde su imaginación se detona con una melodía, su cuerpo se va moviendo cada vez con mayor coordinación al ritmo de esta, tan variada como puede existir… Les enseña no solo a identificar y expresar los sentimientos sino dejarlos salir de una manera enriquecedora además de ayudarles a saber contrastar emociones.

¡Cuán importante es eso en estos tiempos de pandemia! Aprender como padres a favorecer el equilibrio emocional a través de la música para desarrollarse con armonía, felicidad y equilibrio.

El cerebro de los niños es maravilloso (ellos lo son en sí) y la música logra desarrollar habilidades mentales, emocionales, físicas, de liderazgo, empatía… puedo seguir con una larga lista, pues a través de los años en que he vivido y enseñado este arte puedo constatar las maravillas reflejadas en el carácter, cuerpo y hasta en las calificaciones de mis alumnos.

“Las emociones determinan en gran medida la experiencia de vida…” – Marta Sánchez. No podemos aprender si nuestras emociones se encuentran en desequilibrio.

Vamos a aprovechar esta situación para formar niños con alta inteligencia emocional. Te invito a comenzar en ti, en cuidar los comentarios, imágenes, música que escuchan tus hijos (aunque no estén a tu lado lo hacen). Baila, canta, juega e imagina con ellos. Construye un mundo maravilloso alrededor y verás que serán unos seres humanos excelentes y sobre todo ¡felices!

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