“LA BELLEZA PERECE EN LA VIDA PERO ES INMORTAL EN EL ARTE”

– Leonardo Da Vinci –

Es a través de las diversas representaciones artísticas como es posible dilucidar el papel que tenía reservado la mujer en cada época, sin embargo, su evolución como objeto de representación y su presencia como artista no han tenido un desarrollo paralelo.

La figura de la mujer ha sido siempre asociada con la moralidad y el vicio, con la santidad y el pecado, muy a menudo dependiendo de las creencias y valores del momento.

Es posible conocer cómo desde el paleolítico, pasando por la edad de bronce y el Egipto antiguo, se representaba a la mujer con pequeñas esculturas de marcados atributos femeninos que aludían a la fertilidad y continuidad de la especie. Las religiones más relacionadas con la tierra, los astros y el clima asocian siempre a la mujer con aspectos positivos.

En la Grecia del período helenístico se creó el ideal femenino de belleza clásica, exaltando su figura, mas sólo en su aspecto ornamental, ya que en la vida cotidiana estaba relegada sólo al hogar y sin goce de derecho alguno.

Mientras tanto en Roma, la técnica se perfecciona introduciendo el retrato, con el cual se dota a la escultura de sentimiento y personalidad. Cabe mencionar que en ambas culturas sólo las mujeres de clase alta tenían acceso al aprendizaje y práctica de las artes, más su obra siempre se mantuvo en el anonimato.

En la Edad Media el comportamiento moral regía la representación femenina en todas las formas artísticas, tenemos a la Virgen María como la castidad y santidad y por otro lado a Eva como la gran pecadora. Las artistas de la época eran miniaturistas, quienes dotaban a los manuscritos de bellas ilustraciones, y pese a que nunca fueron reconocidas en público, eran alabadas por príncipes y nobles.

El Renacimiento retoma la mitología en el arte, dando vía libre al desnudo de la mujer, aunque asociándolo siempre con algo bello y amable, volviendo al ideal clásico de la belleza idealizado por el hombre. Es en esta etapa, ya de por sí dotada de un sentimiento humanista, cuando se abren las puertas a diversas artistas, generando un mecenazgo por parte del Papado hacia varias pintoras de la época.

Durante el Barroco fué común representar escenas históricas y quiméricas, aunque el desnudo, al ser tabú y prohibido, era sólo permitido en una obra si ésta se hacía por encargo del monarca. Por otra parte, se conoce ahora que muchas artistas de éste período estaban ligadas familiarmente con un artista varón, de ahí su reconocimiento y aceptación en el gremio.

Cabe destacar que es hasta el siglo XIX donde, aún prevaleciendo la sombra de una sociedad victoriana, se permite ya a la mujer el acceso a las academias de arte y se constituyen asociaciones femeninas de carácter artístico. Es ahora posible ver a las féminas representadas como figuras atractivas y no sólo en alusión a personajes de índole religiosa o mitológica.

La ruptura total hacia lo convencional aparece en el siglo XX con el surrealismo, el impresionismo y el cubismo, donde en franco compás con los cambios sociales que se gestan, el artista quiere transmitir sensaciones más que plasmar realidades. Una mayor apertura, la liberación femenina y otros elementos favorecerán la aparición de extraordinarias creadoras en el mundo entero.

Radicadas en en nuestro místico país, figuras de la talla de Nahui Olin, Lola Álvarez Bravo, María Izquierdo, Aurora Reyes, Lilia Carrillo, Frida Kahlo, Remedios Varo y Leonora Carrington entre otras, expresaron bellamente su esencia y sensibilidad femeninas y, en su exquisita abstracción, nos obsequiaron con maravillosas obras de las que sin duda fueron anónimas protagonistas nuestras antecesoras.

Por Mirna Rosso