por Graciela Salado González

Esta época es tierra fértil para sembrar el germen de la unión familiar, el compañerismo y la caridad al prójimo.

No está escrito como es una Navidad ideal, cada familia crea su propia versión como reflejo de sus valores y tradiciones. Sin embargo, creo que es importante que vivamos realmente, el sentido cristiano de estas fechas, donde están las verdaderas razones que sustentan el ser de nuestras creencias.

Hagamos una tregua de Navidad, dejemos de luchar batallas sin sentido a veces contra nosotros mismos y otras contra los demás. El perdón nos da bienestar, la paz interior.

Es tiempo de reflexionar, de amar, de agradecer y de recordar a los que ya se han ido. Es tiempo de darnos tiempo.

Hay que mantener vivas las tradiciones que han sido heredadas de nuestros padres y abuelos y que tanto nos distinguen como pueblo mexicano: el colorido nacimiento, piñatas, posadas con rezos y villancicos, ponche, buñuelos, etc. Preparar el ambiente para que nuestros hijos sientan la ilusión de la Noche Buena y dar el lugar de honor al Niño Jesús.

Fomentemos en nuestra familia la mejor tradición de amor y servicio no solo para la época navideña sino como el camino para llegar a la realización personal.