Hygge: Un momento tranquilo y cómodo con gente que amas, una completa ausencia de frustraciones o cualquier cosa emocionalmente abrumadora. A menudo, se disfruta con buena comida, bebidas y mantas calientes. Esto es, felicidad.

Una palabra de la que se ha escuchado hablar bastante los últimos meses, de origen danés, y que normalmente se traduce como “lo acogedor” pero es mucho más que eso, es una actitud total ante la vida y es lo que ha ayudado a Dinamarca a superar a Suiza e Islandia como el país más feliz del mundo.

El hygge tiene mucho más que ver con el ambiente y la experiencia que con las cosas, es un concepto que no se entiende, se siente, y aquí te decimos como aplicarlo a tu estilo de vida.

Tómate tu tiempo.

¡Baja el ritmo! Aprende a ser paciente, e incluso a aburrirte. Este tiempo es muy valioso, presta atención a los pequeños detalles, tu respiración, la luz del último momento del atardecer, tus pies descalzos. Reconoce lo que tienes para cultivar esta gratitud. 

Cuida la simplicidad y la autenticidad.

En el hygge menos, es más, y no nos referimos a las cosas materiales. En este estilo de vida la calidad va antes de la cantidad, las relaciones deben ser auténticas, naturales y genuinas. 

Vive el momento. 

En mal tiempo, una actitud hygge puede ver el contraste de las situaciones, no se trata de estar contento todo el tiempo, si no de apreciar esos momentos que vienen al final de un mal día y te hacen sentir mejor. Como un baño caliente después de caminar todo el día, o el primer pedazo de pastel después de hornear un largo tiempo.

La idea es relajarse y sentirse “en casa” tanto como sea posible, olvidándose de las preocupaciones de la vida.