Casarme, ¿Para qué?

Hace algunos años escribí un libro llamado “Casarme, ¿para qué?”. Mi motivo fue escuchar a jóvenes referirse al matrimonio como una Institución sin futuro, como algo fuera de moda, o algo que no se puede sostener por ser irreal.

Mi idea del matrimonio es completamente distinta y quise plasmarlo en un libro, para que los jóvenes, incluidos mis hijos, aclaren sus dudas acerca de la conveniencia del matrimonio.

Existe una idea generalizada de que el amor no se sostendrá casándose, que de igual manera se separarán o permanecerán juntos si se casan o no se casan, que no es necesario un papel para amarse, y razón no falta para estas afirmaciones, sólo que el matrimonio no tiene que ver con un papel, ni con las “leyes del hombre”, sino con las “leyes naturales”, donde el amor se da naturalmente entre las personas y la idea del para siempre, también deriva de una cuestión natural.

El matrimonio se entiende como la unión de dos personas que se aman de manera exclusiva y perpetua, no porque la ley de los hombres así lo mande, sino porque la ley de la naturaleza así lo determina. Nadie quiere ser amado en una relación si no es de manera exclusiva y perpetua, es decir, quieren ser amados solo ellos y para siempre, no es suficiente quererse sólo unos meses o unos años, o hasta que se sientan contentos, quieren que el amor sea por siempre. Es tan absurdo pensar lo contrario, como si la persona a la que amo me dice: me quiero casar contigo y con tu hermana y sólo por el siguiente año. ¿Verdad que parece absurdo?, y no porque lo mande una ley, sino porque naturalmente ese planteamiento no tiene sentido, quiero ser amada de manera exclusiva y perpetua; a eso le llamo ser amado de manera total.

La exclusividad tiene que ver con el cuerpo, porque es lo que la persona tiene de material, es decir, es lo único que se puede ver del ser, entonces la entrega del cuerpo tiene que ser exclusiva, porque es una donación del cuerpo a la persona del otro, que no sólo se entrega en calidad de préstamo, se entrega como un don, como un regalo, para amar de manera visible y material al otro. Por eso la infidelidad daña tanto a los que la viven, se sienten traicionados, de manera natural, porque la entrega, que ellos suponían, era exclusiva.

También la perpetuidad o el “para siempre” es natural, porque la entrega total del ser, supone lo que hoy se es y lo que será en diez, veinte o treinta años. No decimos: Me caso contigo solo si no te enfermas, o si no engordas, o si no te salen canas, o sólo si estás de buenas. Decimos: Me caso contigo, pase lo que pase. Entonces tendremos la oportunidad de ser quienes realmente somos, porque nos sentimos amados de manera total.

Esto tiene que ver con la felicidad, el amor exclusivo y total hace felices a las personas, no se tienen que cuidar de ser quienes son, y pueden confiar en que lo que son es bueno, no importa el humor que tengan, o las circunstancias que estén viviendo, el otro estará también feliz de que pase lo que pase, estarán ahí. Sólo así, bajo esa base, se pueden aceptar y comprometerse mutuamente  para ser mejores el uno para el otro, no por miedo, sino por amor.

Cuando vamos en el camino del amor, bajo estas dos premisas, la felicidad es posible y, la familia derivada del amor comprometido, tiene muchas posibilidades de desarrollarse de manera armónica, porque la base y fundamento, que son los padres, estarán unidos para lo que pueda pasar en el transitar de la vida.