Cute child girl at camomile field

Los niños no pueden ser indiferentes al mundo y a las necesidades de los demás, es necesario involucrarse de alguna manera para construir una sociedad mejor y más justa para todos.

El individualismo de la época, la apatía o la falta de interés por las necesidades ajenas nos ha hecho olvidarnos de los más vulnerables y necesitados. Por tal motivo es esencial sensibilizarnos y empezar a cambiar, eduquemos a nuestros hijos en la generosidad, en la solidaridad y en el amor al prójimo.

 Los niños necesitan motivos para esforzarse en ser generosos, en dar y en darse sin la precisa medida de la justicia. Para enseñarles podríamos empezar en casa con pequeñas muestras de cariño que hagan la vida más placentera en familia, y luego con pequeños servicios, renuncias personales y ayuda al prójimo, quizá en la escuela, con los vecinos y niños de su edad con quien se sientan identificados.

Sugerirles constantemente el pensar en los demás y no por quedar bien, por aparentar o para recibir recompensa, sino porque somos más felices cuando nos damos a los demás.

Enseñarles que ayudar y ser generosos no es dar lo que nos sobra, o solo al que nos cae bien, es salir de uno mismo, es dar con esfuerzo y cariño ayudando a cubrir las necesidades de otra persona.

Podríamos motivarles a participar en centros de ayuda o asistir a comunidades cercanas donde se requiera de algún servicio, visitar hospitales, comedores, asilos, orfanatos, casas hogar. Compartir sus ahorros y su tiempo, ayudarles a que revisen cada determinado periodo su ropa, juegos y juguetes en buen estado para donarlos a los niños menos afortunados, existen múltiples asociaciones donde los aceptan. Muchas veces las mismas escuelas realizan este tipo de actividades, otras veces seremos nosotros y grupos de familias quienes podríamos organizarlos.

Sentirnos orgullosos y dar elogios a nuestros hijos cada vez que exista la ocasión en la que ellos puedan ayudar. Explicarles que la generosidad y el servicio a los demás es un deber que da alegría y que se gratifica por el mismo hecho de hacerlo.

Cultivemos pues la responsabilidad social en los niños, motivándoles en ser generosos, dando ejemplo y saliendo de nuestra zona de confort con acciones voluntarias y sumando esfuerzos, ayudando al hermano menos favorecido con iniciativas que hagan de nuestro mundo un lugar mejor y más feliz para todos.

Por Luz María Contreras