por Ana Cristy González

En Universidad me tocó hacer un proyecto del embarazo y los tipos de parto. En ese tiempo era soltera y sin hijos y no tenía ni idea de las mil posibilidades de parto, pero desde que investigué del parto en agua ¡me enamoré de la idea!

El día que me embaracé no lo pensé 2 veces, decidí que mi parto sería en agua, y como no encontré una clínica con tina para partos que me gustara, decidí también que fuera en casa. Platiqué con mi Ginecóloga sobre lo que quería y ella me dijo que mientras el embarazo avanzara correctamente y el bebé viniera bien, si se podría. Los comentarios no fueron tan positivos por parte de mi familia y amigos. Creo que no se conoce mucho del tema, y viniendo de familia de médicos, todos estaban espantados y preocupados, pero aunque no estaban de acuerdo con la idea la aceptaron (muy preocupados, pero la aceptaron).

Como toda primeriza, 15 días antes de mi fecha de parto, yo ya tenía todo listo. Dejé en la casa de mis papás (en mi antigüo cuarto) la tina inflada, las mangueras conectadas a la regadera, la ropa del bebé, y todo lo que me dio la doctora; el tanque de oxígeno, su maletín de emergencia y el banco para parto. Y como si mi subconsciente lo supiera, 2 días después se llegó el momento tan esperado.

En el cuarto estuvo la ginecóloga, su enfermera, la doula (que también es mi mejor amiga) y mi esposo en todo momento. Lucía, mi doula, ambientó el cuarto con aceites escenciales, música de fondo, velas, me apoyó durante todo el trabajo de parto con masajes, ejercicios y pocisiones, y dirijiendo a mi esposo para que me apoyará. La ginecóloga estuvo monitoreando al bebé durante las 4 horas que duré en trabajo de parto. Y mi esposo estuvo conmigo, tomándome de la mano, platicando, masajeando mi espalda.

En mis dos partos, estuve proximadamente 4 horas fuera de la tina, con mi 1er hijo rompí fuente y entré a la tina, con la 2da la doula me sugirió meterme para relajarme. Tardaron no más de 30 minutos en nacer mis hijos, después de haber entrado a la tina. Mi esposo entró a la tina conmigo y los recibió a los dos, los sostuvimos por unos momentos y después cortó el cordón, los sacaron de la tina y la pediatra los revisó, pesó y midió.

Cada parto fue único y especial. Con el primer niño tenía miedo, pero estaba preparada, tome los cursos de Preparación para el Nacimiento y sabía el proceso del parto, que seguía, me apoyé muchísimo de la doula para manejar el dolor. Al no tener ningún tipo de anestésico en el cuerpo, me concentré en el dolor, en detectar donde y como se sentía y cual era el motivo de ese dolor, para así poder manejarlo. Con la segunda niña empecé a recordar cada paso, estaba más segura, sentí menos miedo, y el dolor fue mucho menor.

En la misma tarde de ese día yo ya estaba sentada comiendo con mi familia, así de rápida fue la recuperación. Claro que pasaron un par de semanas para que me sintiera al 100%, pero desde los primeros días ya estaba haciendo cosas. Como opté por lactancia maternal exclusiva (LME), no batallé nada, porque ninguno de los 2 tomaron fórmula en ningún momento, y a contrario, en seguida que los revisaron me los dieron y me los pegué, lo cual facilitó más la bajada de leche e hizo que el dolor y la molestia de dar pecho fuera poco.

Recomiendo muchísimo el parto en agua. Si sugiero que estés super bien informada, aprendas sobre todo el proceso de parto, tengas una ginecóloga que te apoye, una doula que te acompañe en todo momento, y vayas segura de tu decisión, para vivir la experiencia más increíble y ¡recibir a tu bebé de la manera más hermosa!