Hace cinco años, abrió sus puertas un pequeño rincón que guardaría buenos momentos, y para muchos, el mejor expreso de la ciudad. Frégo, la barra de especialidad que poco a poco comenzó a formar parte del paisaje, y ha logrado crear una comunidad de clientes fieles, ahora amigos, entre oficinistas, deportistas, vecinos y aficionados del café.

Frégo nació del gusto por el café, del amor infinito hacia él y de la necesidad de ofrecer cultura y conocimiento sobre estos pequeños granos, ya que definitivamente son una de las grandes riquezas que tiene nuestro país y de la cual tenemos aún mucho por descubrir.

Una taza de café, tiene el increíble poder de conectarte de tantas formas con tantas personas, desde compartir el gusto por ese cafecito en la mañana y platicar de él en la oficina, con la familia o con los amigos, hasta encontrarte todos los días a la misma hora con las mismas personas que como tú, piden a gritos el brebaje para empezar o para terminar el día.

¿Y cómo lo hace? Estimulando todos nuestros sentidos. No importa si estás desvelado, si el día fue pesado, si vas tarde a clase o a una cita. Una taza de café ¡nos hace sentirnos vivos! El secreto radica en la trazabilidad de la taza, como baristas saben de dónde viene el grano y hacia dónde va, cuál es su personalidad, cómo fue tostado, quién lo cosecho y con ese conocimiento logran que sea perfecto.

Pero en este lugar no solo saben hacer café, saben cómo hacerte sentir en familia, una familia con la que comparten una pasión.

“En cada taza entregada va nuestro corazón, pero también van las manos de nuestro productor y los recolectores, el conocimiento de nuestro catador y la buena mano de nuestro tostador, no solo es Frégo, son todas las manos que se unen para lograr magia pura en una taza.”

Definitivamente no puedes perderte su icónico latte de coco o su especialidad, el macchiatto doble.

Visítalos en Monte Everest 123, Bosques del Prado.

IG: fregoags