¡Hola! Soy Daniel Padilla, LAE de profesión y viajero de vocación. Afortunadamente puedo combinar mi trabajo con una de mis grandes pasiones. El viaje se disfruta siempre, pero incluye ingredientes adicionales cuando lo realizas y compartes con tu familia y amigos. 

Hay muchas cosas que pueden hacer feliz a un ser humano, pero convertirte en papá es una clarísima bendición, combinación de mucho, principalmente se experimenta un amor verdaderamente puro, transparente, sin nada que lo obstruya hacia un ser que recién estás viendo cuando nace y sientes que lo conoces desde siempre, no hay barreras, no hay nada que te impida amar a tus hijos. Surge también una especie de instinto natural de responsabilidad, de reto, de visión futura para tus hijos, de reordenamiento de tu propia vida para ofrecer lo mejor a ese ser. Un sentimiento altamente razonado de responsabilidad y sacrificio que no pesa, porque el amor aligera la supuesta carga y te hace feliz en todo momento.  

Por razones naturales, trabajo, entre otras. Los papás tenemos menos tiempo de convivencia con los hijos a comparación de mamá que tienen un brillo inigualable en la diaria convivencia familiar. Es necesario, si es posible, tomar algunas acciones paralelas de común acuerdo entre todos, para fortalecer la relación papá-hijo(a).

En nuestra familia tenemos la costumbre de realizar periódicamente un viaje en el que solo participamos papá y un hijo(a) a la vez, el objetivo siempre es:  

Conocer un destino de interés común y tener un espacio de “uno a uno” para la necesaria comunicación y convivencia.  

Considero que ha sido muy provechoso ya que a través de pláticas aparentemente superficiales e informales he logrado entenderlos mejor.  Cuando compartes una experiencia o aventura con uno de ellos, estrechas los lazos de manera inmejorable.