
La calle que inicia a un costado del Palacio Municipal y concluye en el Templo de La Purísima lleva el nombre del fundador de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes.
Y sí: fue Juan de Montoro quien, en octubre de 1575, tuvo la visión estratégica de fundar esta tierra de gente buena.
La historia de Montoro y la fundación de Aguascalientes es apasionante: combina estrategia, comercio y supervivencia, pero también refleja el contraste entre el desarrollo de la Nueva España y la resistencia de los pueblos originarios.
En aquel tiempo, las rutas comerciales entre el centro del país y el norte minero —especialmente hacia las ricas minas de Zacatecas— eran vitales para la Corona Española. Sin embargo, los caminos resultaban peligrosos: viajeros y comerciantes eran asaltados con frecuencia por grupos indígenas que defendían su territorio. Para proteger esas rutas y asegurar el tránsito de personas, mercancías y plata, el virrey Martín Enríquez de Almanza ordenó la creación de una serie de puestos de resguardo y poblaciones intermedias. Así nació la idea de establecer una villa entre Zacatecas y Lagos de Moreno, justo donde abundaban los manantiales termales.
El encargado de cumplir la misión fue Juan de Montoro, un colono español que, acompañado por doce familias, algunos indígenas y frailes franciscanos, fundó la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes. El nombre, claro, surgió por las aguas termales que brotaban naturalmente en la zona.
A diferencia de los conquistadores, Montoro no era militar ni funcionario real, sino un fundador civil: un vecino encomendero con derechos para poblar y organizar la vida de la nueva comunidad. Se le reconocía como fundador y alcalde mayor provisional, encargado de trazar la villa, repartir solares y establecer el orden civil y religioso.
Mandó construir la primera capilla dedicada a Nuestra Señora de la Asunción —hoy la Catedral Basílica— y delineó la plaza principal junto con las primeras calles del actual Centro Histórico.
Más que un conquistador o político, Juan de Montoro fue un creador de comunidad. Su legado fue sentar las bases civiles, religiosas y económicas de lo que con el tiempo se convertiría en una ciudad próspera.
Hoy, Aguascalientes es un destino donde convergen la cultura, la innovación y la calidez humana.

Dato curioso:
En el Barrio del Encino se encuentra un monumento dedicado a Juan de Montoro, recordado cada 22 de octubre, durante la celebración del aniversario de la ciudad.

