Desde el corazón de Aguascalientes la directora general del Buró de Congresos y Visitantes Vero González ha sido una pieza clave para llevar el turismo de negocios y visitantes a un nuevo nivel. Como directora general del Buró de Congresos y Visitantes, ha impulsado proyectos que han puesto a nuestro estado en el mapa nacional e internacional. Pero detrás de la estratega incansable también encontramos a una mujer profundamente conectada con su lado humano, con sus raíces y sobre todo, con su papel de mamá.
En medio de agendas intensas, juntas y decisiones estratégicas, Vero no pierde de vista lo esencial: su familia. Hablar de la maternidad con firmeza y dulzura, diciendo que el mejor consejo que le ha dado a sus hijos, Melissa y Sebastián, es el mismo que su madre le dio a ella y nunca dejará de intentar: “Es una filosofía de vida que ha llevado siempre en el corazón y que hoy pasa a la siguiente generación. ‘No importa si estás en quiebra, vuelve a intentar un negocio. No importa si estás triste, habla con las personas. No importa si te derriban, levántate mil y una vez hasta que lo logres'”. Esa frase, que escuchó tantas veces en casa, se ha convertido en una brújula en su vida y en su manera de educar.
Para ella, la clave no está en triunfar siempre, sino en no perder la motivación ni el gusto por la vida. Habla de perseverancia como un músculo que se entrena desde chicos, como una forma de avanzar por el mundo sin miedo al fracaso. Y cuando sus hijos atraviesan momentos difíciles o simplemente necesitan una pausa, les recuerda algo que también la ha sostenido a ella: “Nada te turbe, nada te espante, todo pasa, Dios no se muda…”. Una oración que les comparte con el corazón, como quien extiende la mano para que no se sientan solos.
Verónica no romantiza la conciliación entre la vida personal y profesional. Sabe que combinar la maternidad con un cargo de liderazgo es un reto constante, pero también reconoce que en esa dualidad se esconde una fuerza inmensa. Cada día trata de enseñar con el ejemplo, le gustaría que sus hijos vieran en ella a una mujer que se cae, que se levanta, que se esfuerza, que se ilusiona y que nunca, nunca se da por vencida.
Y así con esa mezcla de temple y cercanía, Verónica cierra con una idea que vale la pena recordar:
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”.










